18 de junio de 2026

Modo subjuntivo

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Mi vida actual es como el modo subjuntivo del español y me estoy olvidando que el indicativo es más valioso, si quiero disfrutar el presente como regalo. Mis deseos, posibilidades y esperanzas no encuentran su tiempo verbal en el ahora. Estoy enfocado en lo que podría ser, en vez de abrazar plenamente lo que es.

El indicativo habla de los hechos como se presentan: lo que respiro, vivo y siento. Esta realidad es algo palpable y que cala en mi pecho a diario. Habito lo que sucede, este momento, esta hora, estas personas, estas oportunidades, estas fortalezas, estas debilidades. Estoy consciente de los acontecimientos, se nombran y vienen uno tras otro, imparables. Sin embargo, reconozco mas no acepto todo. Me muestro de acuerdo con la idea de que no poseo el control, trato en lo posible de ser sabio y admitir que no todo va a actuar en mi beneficio, sino que hay retos que deben superarse. De allí viene la no aceptación, la inconformidad.

Quizá, por esa razón, el presente a veces parece insuficiente. No porque sea pobre en sí mismo, sino porque está siendo medido con la regla de las expectativas. La vida real rara vez compite con la vida imaginada. La realidad siempre tiene imperfecciones, demoras, contradicciones y vacíos; la posibilidad, en cambio, puede ser perfecta porque nunca ha tenido que enfrentarse al mundo.  Por mi mente resuenan un montón de cosas, soy un costal de deseos ambulante, un risueño que deambula esperando qué o quién.

Como siempre, estoy elevando expectativas y eso está carcomiéndome. No sé por qué, pero debo reconciliarme seriamente con lo que tengo y lo que quiero. ¿Será que lo que quiero no es realmente lo que necesito? ¿O será que he depositado tanto significado en aquello que deseo que he empezado a creer que mi bienestar depende de alcanzarlo?

Es posible que mi presente sea rehén de mi futuro y no he tomado cartas en ese asunto. Debo reflexionar profundamente y saber que mi vida no le pertenece al territorio de los “ojalá”, sino que este instante fugaz al que llamo “presente” ya forma parte de un pasado que no regresará. Quiero aprender a descansar en mi esperanza, que no me abrume, que esa compañía, ese abrazo, esa complicidad, esos propósitos, puedan aparecer sin necesidad de estar en un permanente campo de batalla.

Espero que el resto de este camino, llamado 2026, me sorprenda siempre para mejor.