17 de agosto de 2015

“Soltar la arena”

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There's music in everything, even defeat. (Hay música en todo, incluso en la derrota)
Charles Bukowski

2015 para muchos, sigue de primero en la lista de los años más complicados hasta ahora. A lo mejor no lo sea en algunos casos, ya que han habido peores circunstancias, pero no para quienes no estamos acostumbrados. Al comenzar a escribir este post, ya había liberado algo del peso que se acumuló durante el día. El letargo que experimenté hace un trimestre tuvo su repercusión hace unas semanas. Quizá el de hace cinco meses se le sumó, y no tuve otra alternativa que dejar que se instalara como la visita incómoda menos esperada (de igual manera uno la atiende). En todo caso, me he prometido escribir para que todo fluyera a medida que pasaba el tiempo, pero el hecho de procrastinar por mera pereza hizo que justo hoy me propusiera a dibujar a través de este escrito.

La vida siempre se presenta al contrario de como se realiza en la rutinaria actividad de la enseñanza: primero, evalúa (pone la prueba) y luego es que plantea la lección (aprendizaje). Lo recordé al ver esta mañana una de esas imágenes motivacionales en Instagram. Como si estuviera escrito en alguna parte de la hoja de la suerte/destino de cada uno de nosotros, las palabras llegan en el momento justo para marcar y dejar la huella indeleble. Y sí, trillada y todo, la frase se me quedó grabada así como cuando se ve al sol o a un bombillo, y persiste esa imagen residual azul o violeta en la visión. ¿Quiénes no han pasado por “la lección de sus vidas”? Lo más bonito (¿?) de todo es que, si aún estás vivo (a), no dejarás de pasar por ahí: ser probado y luego enfrentar el aprendizaje. Basta con que uno cometa un error después del ensayo. Ahí está la magia del ser.

“Gracias a la vida”, cantaría Mercedes, nunca falta la palabra alentadora cuando del abrazo se prescinde. Justo cuando más se necesita, y uno cree estar a punto de desbordarse, brotan de ciertos alientos aquellas luces de comprensibilidad o empatía. Ahogarse en alcohol o simular que se está feliz celebrando siempre fue el camino verde. Y lo es. Aquí recuerdo al realistamente sucio Bukowski. Algunas personas pierden peso, no se bañan (caso fuera de lugar, pero pasa), no comen o simplemente deciden hacer un racionamiento de discurso y en caso extremo, quedarse en el inmaculado silencio. Yo, apelé al mutis, pero en ciertos contextos. Dar clase de inglés con señas no es muy buen plan, pero por los lados se me notaba la extrañeza, la extrañeza de extrañar.

De igual manera, y al hacer alarde del título de esta entrada, además de la primera línea, este año ya tuvo su cierre y un nuevo comienzo. Ni siquiera tuve que esperar a diciembre para decirlo, sino que antes que se partiera en dos semestres, 2015 me sorprendió y ni siquiera lo tuiteé el 1 de enero. Este año ha empujado a mucha gente a crecer de manera violenta, a madurar con papel periódico, pero en especial medida para mí, a soltar.  Soltar implica, quizá, “dejar a un lado el saco de arena y dejar que el globo suba”. Esta frase viene de una película llamada Peace, love, & misunderstanding (Paz, amor y malentendidos). Lo lamentable es que no pude verla completa, ya que la agarré justo a más de la mitad. Por eso insisto en lo de la palabra que llega en el momento indicado.

Infinitud de listas de reproducción son reales camas en las cuales reposar cuando hay noches eternas, compañías fortuitas e inesperadas en las que uno se prueba para entender mejor la lección, que haya querer e intención en desarmarse a sonrisas, evitar lastimar para que la vida no lo sorprenda a uno como un bumerán... Ciertamente, se siente mal caer al vacío, empujarse, pero es reconfortante construirse las alas. Así se suelta, sin lastimarse. 

2 de febrero de 2015

Esperar...

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Esta nota también se encuentra publicada en la sección de opinión de El Periódico de Kevin Gutiérrez

En la vida, así como en el amor, se presentan un cúmulo irrefrenable de hechos que van escurriéndose en el tiempo. Se nos presenta con incontables episodios que tienen un punto de partida y uno de llegada, solo que algunas veces comenzamos, pero pareciera que no llegáramos a la línea de meta o esta pudiera encontrarse cada vez más lejos. 

Crédito: https://www.flickr.com/photos/danooosh/
Para quienes nos ha pasado (o nos está pasando), los eternos minutos que median entre el inicio y la consecución de algo, pudieran sentirse con toda la serenidad posible, una y otra vez, todos los días, lo cual hace que las energías invertidas se canalicen a nuestro favor. Sucede el caso contrario en el exceso de benevolencia en la espera, donde hay una consecuencia no muy propicia que, en última instancia, deviene en aguantar. “La espera, desespera” es una frase que se mienta cada vez que el conformismo toca la puerta de quien esboza un improperio, por ejemplo, en una línea de personas por comprar comida, en el incansable trabajador que lanza su carro en medio del tráfico para poder llegar a tiempo a la oficina, de aquellos amores que aún necesitan encontrarse a pesar de la distancia, y en más situaciones de corte similar. 

El apuro de quien no sabe esperar en el amor, desencadena irritabilidad y pone en evidencia lo insensato que pudiera llegar a ser alguien por contagiarse de un afán casi afiebrado, salvo algunas excepciones. No es acortar las distancias entre los puntos de manera precipitada, pero sí que haya una forma de abrir posibilidades a la certeza y no a las bombas de tiempo de aguantar, que no son tolerar ni ser paciente, sino represar. Si tomamos en cuenta las ganas de conocer el futuro desde ya, caemos en la ansiedad, que luego se torna en intranquilidad por el ímpetu que se le coloque. Lo que sí es válido es tener aspiraciones. 

Solo quienes han sabido sortearse ante los momentos difíciles, los tiempos se adecúan para bien. A veces, considerar una pose de irracionalidad ante los traspiés que originan salirse de los objetivos de una buena espera, conducen hacia convertirlo en un acto nulo que no tendrá buenas intenciones. Sin embargo, una de las cosas más aleccionadoras y gratificantes del mundo es entregar la fe con denuedo en el intermedio de la partida y la llegada. 

Esperar en medio de toneladas de palabras y experiencias significativas, es sobreponerse al desazón de la intranquilidad y la incertidumbre. Anhelar nos pone en la cima cuando estamos en paz. Las virtudes que se ganan a partir de la espera, con base en la tranquilidad del espíritu, nos hacen fuertes. Solo hasta que se sienta una ansiedad invivible, la paciencia no hará ruido y tendrá más poder. Esa es la facultad del cambio.


15 de diciembre de 2014

Venezuela ocupó el puesto 50 de 63 en la clasificación de la prueba de competencia de inglés de la compañía EF

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Actualizado a las 8:40 p.m. (HLV)

El EF English Proficiency Index (EF EPI), o Índice de Competencia del inglés, es una prueba que posiciona o clasifica un grupo de 63 países del mundo para conocer las habilidades generales del idioma, es decir, si han mejorado o no. Para la recolección de la información, EF empleó información de 750 000 adultos, quienes resolvieron el examen de inglés el año pasado. No es sorpresa que, en los resultados publicados recientemente por la compañía internacional de enseñanza de idiomas, Venezuela ocupó el lugar 50 de 63 en la lista de territorios con baja competencia del inglés y el puesto 11 de los 14 países de América Latina (EF, 2014). El análisis de la información para Venezuela reza:
Crédito: EF Education First / Clic para ampliar.

"Los adultos venezolanos poseen uno de los más bajos niveles de competencia del inglés en América Latina, y no ha habido una mejora significativa en los últimos siete años. En Venezuela, las mujeres hablan 'un poco mejor' con respecto a los hombres, pero ambos grupos se encuentran muy por debajo del promedio global. A pesar del 'pobre' desenvolvimiento, los estudiantes con edades comprendidas entre los 18 y 24 años, poseen habilidades más desarrolladas del inglés que cualquier otro grupo de edades. Los resultados obtenidos implican que Venezuela puede progresar en evaluaciones a futuro [...]".

Foto: EF / Reportaje completo: http://www.ef.co.uk/epi/ / Apartado sobre Venezuela: http://www.ef.co.uk/epi/spotlights/latin-america/venezuela/

14 de febrero de 2012

Hollywood dice ''te amo''

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Este video presenta un compilado de las escenas de películas donde la frase sale a relucir.


Vía http://www.youtube.com/user/MBelinkie.

7 de noviembre de 2011

Maickel Melamed: el rostro de la fortaleza humana

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En 15 horas y 22 minutos, Maickel Melamed completó el recorrido del maratón de 42 km en Nueva York, EE. UU. Maickel Melamed: ''yo nada más quiero decir que tenemos años soñando con esto, pero nunca imaginé que esto fuera compartido''. Melamed: ''el momento más difícil de la carrera va a ser quitarme los zapatos'', dijo riendo.

Fotos: Capturas vía http://www.vamosmaickel.com/

14 de octubre de 2011

La mujer vietnamita de 23 años con apariencia de 73.

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Nguyen Thi Phuong, una mujer de 23 años, parece una adulta mayor, al serle diagnosticado un aparente caso de envejecimiento prematuro, ocasionado por una intoxicación por mariscos. Este caso no había sido expuesto a los medios hasta hoy, ya que el esposo de Nguyen, Thanh Tuyen (carpintero), dice que, al hacerlo público, los médicos pudieran darles una respuesta a lo que afrontan. El amor que siente por ella no se ha desvanecido, dijo Thanh.

Nguyen ha usado máscaras para protegerse de la mirada de personas entrometidas; sin embargo, hasta este momento ha solicitado la ayuda de los médicos para ver si puede revertir el efecto de envejecimiento. Al mostrar una de las fotos de la boda en 2.006, cuando tenía 21 años (lado izquierdo), Nguyen dice: ''era más bonita y no tan fea como ahora, ¿no?''.

La mujer confiesa que, a partir del momento en el que consumió el presunto alimento, sintió piquiña o comezón en todo el cuerpo, llegando inclusive a rascarse mientras dormía. ''Después de pasar un mes de tomar algunas medicinas que compramos en la farmacia, no tuve más picazón, sin embargo, mi piel comenzó a flaquear y a arrugarse'', dijo.

Muchos no creen que Phuong sufra una lipodistrofia, un raro síndrome que hace que una capa de tejido graso debajo de la superficie de la piel se desintegre mientras que la propia piel continúa creciendo a un ritmo sorprendente.

El síndrome no tiene cura y deja a sus víctimas con pliegues sueltos de piel en todo su cuerpo, rostros arrugados y los rasgos. Esta dolencia es extremadamente rara y se cree que sólo afecta a unas 2.000 personas en todo el planeta. Por el contrario, otros creen que la mujer sufre los efectos secundarios de una medicación con una potente carga de esteroides.