3 de noviembre de 2009

Tolerancia y política en clase


El acto de nacer es un acto político. Y no hago referencia a la parte biológica, sino al hecho de poder interactuar con nuestros padres, con el resto de la familia, con los amigos, con la sociedad. A partir de ese momento comenzamos a socializar, a humanizarnos, a construir nuestros esquemas de pensamiento, creencias, sentimientos, los cuales nos llevan a proyectarnos como individuo y como colectivo.

La tolerancia viene arraigada a la política como opinión de los ciudadanos en los asuntos públicos, ya que, exponiendo nuestros puntos de vista, aceptamos el del otro con respeto y empatía, lo que también se denomina asertividad. Pero hay situaciones de la vida cotidiana en las cuales la política se desvirtúa, convirtiéndose en la más burda representación de la intolerancia y la critica destructiva y deformadora. Por tiempos inmemorables hemos pregonado la tolerancia como forma de ''aplacar, mediar conflictos'': exigimos tolerar, pedimos tolerar, ansiamos que nos toleren. Sin embargo, y en ciertas ocasiones, nos dejamos llevar por una especie de bajos instintos que nos arrastran hacia las pasiones y fanatismos enfermisos que no nos llevan a ningún lado.

La muestra de esto se puede evidenciar con la realidad con la que nos topamos día a día en nuestros país. Chavistas y oposición. Pareciera que nos miráramos desde uno y otro lado de la acera con repulsión, y me atrevería a decir: con asco. Para la fecha en que escribo esto sucedió algo muy curioso en el salón de clases donde me disponía a ver una materia pedagógica. En cada sesión acostumbramos a discutir acerca de las noticias más importantes durante los últimos siete días. Y no es para menos. Estar al tanto de lo que sucede hace que no nos aislemos de una realidad tan cambiante y convulsionada. En fin. La conversa comenzó de un modo pausado, dinámico, en definitiva usual y propio de una charla de estudiantes universitarios. Hasta un punto en el cual, y por una razón no muy clara, se comenzó a polemizar y confligir alrededor de una serie de comentarios, lo cual hizo que algunas susceptibilidades se vieran afectadas. Dos compañeros intervinieron y muy respetuosamente pidieron que esos temas no fuesen tratados en el aula de clases ya que, para ese momento, ALGUNAS de las palabras que predominaban no representaban el verdadero sentimiento político que se esperaba, mas bien estaban cargadas de superficialidad, intrigas, bajeza y ligereza, como si se tratara de algo sin importancia. Lo que se venía desarrollando como una sana conversa terminó en un aguante desesperado y no comedido. Para la mayoría de los que nos encontrábamos allí fue un examen a prueba de todo. Al final, el profesor medió, comprendió y aceptó su cuota de responsabilidad en el hecho. Hay una máxima que siempre he llevado adelante y adonde quiera que voy: ''Tolerar es respetar, no aguantar'', ''No juzgues sin que hayas visto a la persona, déjalo al beneficio de la duda''... ¿Hasta qué punto toleramos? ¿Hasta qué punto nos respetamos, como diría @Curiosa (una de mis seguidoras en Twitter)? Muy poco, la verdad. La tolerancia y la política son temas muy delicados y hay que saberlos manejar. Existen dos cosas completamente diferentes: tolerar una posición distinta a la tuya y tolerar una falta de respeto. Está bien. Yo tengo una opinión diferente a la tuya, perfecto. Pero si tu expones la tuya y me ofende, ahi en ese punto si estamos en problemas. No voy a negar que la política, lo queramos o no, forma parte de nuestras vidas y más como docentes. Incluso Paulo Freire nos invita en sus obras a desafiar y enfrentar la política en nuestros lugares de aprendizaje, una política sana, la forma de como ser buenos seres humanos y humanas, hacer que nuestros valores se expresen con un profundo amor y respeto en la construcción de una sociedad nueva. Entonces si no estamos haciendo eso, ¿para qué estudiamos TANTA pedagogía si al final la dejaremos aislada y sin uso? Lo que queda a partir de esta experiencia es no utilizar la política como forma de ofender, de juzgar. ''El hecho que otras personas ofendan no quiere decir que caigamos en los mismo''.



''Contar hasta diez antes de decir (soltar) lo que despues jamás podremos recoger''.

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