6 de agosto de 2026

Pitalito

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La bandera de este municipio de Colombia, que vuelve a mi memoria cada vez que intento ejercitarla, tiene un verde tan fértil que inevitablemente me conduce a una mirada profunda, enmarcada por unas cejas delicadamente delineadas, tan sutiles como el relieve ondulado de sus colinas.

Es probable que esos ojos se hayan detenido alguna vez frente a la imponente estatua de la Cacica Gaitana, en el Huila. También es muy posible que el frío, ese frío casi intenso que abraza el pueblo, haya rozado su piel, y confieso que siento celos de él.

Quizá las canciones nacidas entre sus calles encontraron refugio en unos oídos atentos y, desde entonces, decidieron quedarse, apareciendo de vez en cuando en historias de Instagram como quien deja pequeñas pistas para quien sabe mirar.

Hay lugares que uno termina amando sin haber puesto un pie, una mano o unos labios, en ellos. No por sus calles ni por sus paisajes, sino porque un día alguien salió de allí llevando consigo el color de sus montañas, la calma de su clima y una belleza tan discreta que parece no darse cuenta de la huella que deja en los demás.

Me gusta imaginar que ese lugar también le enseñó el lenguaje de los fogones. Porque hay personas que cocinan tan bien que uno termina creyendo que el ingrediente secreto nunca estuvo en los alimentos, sino en la forma en que entregan un poco de sí en cada plato. 

Hay fuegos que no se anuncian con llamas. Se descubren en una sonrisa apenas sostenida, en una mirada que parece conocer todos los secretos del silencio, en la manera de acercarse sin prisa y, aun así, alterar el ritmo de quien tiene enfrente. Algunos lugares enseñan a convivir con el frío; otros parecen enseñar el arte de encenderlo todo.

Tal vez entre aquellas montañas aprendió que cuidar también consiste en dar orden al mundo. No solo en la paciencia de unos fogones, sino en la silenciosa belleza de hacer que cada detalle encuentre su lugar. Había algo irresistible en esa capacidad de transformar el desorden cotidiano en armonía, como si todo, bajo su mirada, supiera exactamente dónde debía estar.

No sé en qué momento el tiempo decidió apartarnos. Tampoco entiendo por qué, después de tantos silencios, encontró la manera de acercarnos otra vez, solo para recordarnos que algunas coincidencias duran lo suficiente como para despertar la esperanza y lo demasiado poco como para convertirse en permanencia.

Nuestra última interacción apenas cabía en dos emojis. Qué extraño resulta pensar que algo tan pequeño pudiera contener tanto de lo que nunca dijimos. Fueron dos símbolos perdidos entre una pantalla y otra, insuficientes para preguntarnos cómo habíamos cambiado, para contarnos en qué nos habíamos convertido o para decirnos todo aquello que el orgullo, la distancia o las circunstancias dejaron suspendido en el tiempo.

Hay personas que se convierten en lugares a los que solo se puede volver con la memoria y desconozco si leerás esto. Sin embargo, espero que, entre Florencia, Bogotá y Pitalito, dejes un rastro bonito. Nadie lo hará como tú lo haces. Ten tu pico.

18 de junio de 2026

Modo subjuntivo

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Mi vida actual es como el modo subjuntivo del español y me estoy olvidando que el indicativo es más valioso, si quiero disfrutar el presente como regalo. Mis deseos, posibilidades y esperanzas no encuentran su tiempo verbal en el ahora. Estoy enfocado en lo que podría ser, en vez de abrazar plenamente lo que es.

El indicativo habla de los hechos como se presentan: lo que respiro, vivo y siento. Esta realidad es algo palpable y que cala en mi pecho a diario. Habito lo que sucede, este momento, esta hora, estas personas, estas oportunidades, estas fortalezas, estas debilidades. Estoy consciente de los acontecimientos, se nombran y vienen uno tras otro, imparables. Sin embargo, reconozco mas no acepto todo. Me muestro de acuerdo con la idea de que no poseo el control, trato en lo posible de ser sabio y admitir que no todo va a actuar en mi beneficio, sino que hay retos que deben superarse. De allí viene la no aceptación, la inconformidad.

Quizá, por esa razón, el presente a veces parece insuficiente. No porque sea pobre en sí mismo, sino porque está siendo medido con la regla de las expectativas. La vida real rara vez compite con la vida imaginada. La realidad siempre tiene imperfecciones, demoras, contradicciones y vacíos; la posibilidad, en cambio, puede ser perfecta porque nunca ha tenido que enfrentarse al mundo.  Por mi mente resuenan un montón de cosas, soy un costal de deseos ambulante, un risueño que deambula esperando qué o quién.

Como siempre, estoy elevando expectativas y eso está carcomiéndome. No sé por qué, pero debo reconciliarme seriamente con lo que tengo y lo que quiero. ¿Será que lo que quiero no es realmente lo que necesito? ¿O será que he depositado tanto significado en aquello que deseo que he empezado a creer que mi bienestar depende de alcanzarlo?

Es posible que mi presente sea rehén de mi futuro y no he tomado cartas en ese asunto. Debo reflexionar profundamente y saber que mi vida no le pertenece al territorio de los “ojalá”, sino que este instante fugaz al que llamo “presente” ya forma parte de un pasado que no regresará. Quiero aprender a descansar en mi esperanza, que no me abrume, que esa compañía, ese abrazo, esa complicidad, esos propósitos, puedan aparecer sin necesidad de estar en un permanente campo de batalla.

Espero que el resto de este camino, llamado 2026, me sorprenda siempre para mejor.

12 de mayo de 2026

Sombras

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¿Cómo se puede estar tan bien y mal al mismo tiempo? No soy tan honesto en este aspecto: tiendo a ponerme una sonrisa vespertina que dura seis horas. Parece casi un uniforme temporal: sirve para atravesar conversaciones, rutinas, gente, ruido… hasta que llega el momento silencioso del regreso y todo vuelve a caer sobre la misma silla, las mismas ideas, el mismo peso. Es paradójico decir que no hay honestidad, pero sí estoy siendo directo.

La ciudad, mientras tanto, sigue funcionando con una normalidad que a veces me resulta ofensiva. Los vendedores siguen gritando precios en las esquinas, las motos pasan como si siempre llegaran tarde a algo importante y las ventanas iluminadas de los edificios parecieran contener vidas mucho más simples que la mía. Me pregunto cuántas personas regresan también fingiendo que el cansancio es únicamente físico y no esta especie de grieta que se instala detrás de los ojos.

Justamente, antes de una noche muy bonita, vi este árbol iluminado de verde, dejando ver las ramas que son como fracturas. Había algo extraño en él: no parecía triste, pero tampoco completamente vivo. La luz lo sostenía desde abajo, marcando cada división del tronco, cada línea torcida que normalmente la oscuridad escondería. Por un momento pensé que quizá las cosas rotas también podían verse hermosas cuando alguien sabía dónde apuntar la luz.

También está el alivio silencioso de llegar de noche y encontrar una cama cómoda después del cansancio acumulado. La sensación del ventilador golpeando el cuerpo en medio del calor insoportable de esta ciudad, la desnudez convertida casi en una forma mínima de descanso, como si quitarse la ropa fuera también despojarse un poco el peso del día. Aunque, a veces, esa misma comodidad hace más evidente la ausencia de alguien al otro lado. Porque hay vacíos que se sienten más fuerte precisamente cuando todo lo demás parece estar en orden.

Quizá por eso sigo escribiendo. Porque algunas personas lloran, otras gritan, otras desaparecen un rato. Yo escribo, y tipeo más de lo común, busco algún refugio, comprensión sentida, rodearme de brazos inexistentes. Quizá por eso sigo esperando cierta clase de luz. No una que venga a salvarme ni a resolverlo todo, sino una capaz de atravesar estas sombras y hacerme sentir algo nuevo otra vez.

19 de marzo de 2026

Señales

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En esta madrugada de marzo, he decidido poner en palabras lo que sucede. Sé que esas sensaciones han estado ahí, persistentes, aunque todavía no logro hacerlas del todo conscientes. De alguna manera, escribir se ha convertido en mi forma de sostener el paso y continuar avanzando por este camino largo que un día elegí recorrer, cuando asumí, sin evasivas, las consecuencias de aquel acto punzante de diciembre.

Desde entonces, han ocurrido tantas cosas que me resulta difícil medir la rapidez con la que la vida me ha sorprendido, o incluso complacido. ¿Será esto placer, o es que al llegar a la adultez el tiempo comienza a encogerse, si es que puede decirse así?

He conocido, he sentido, he llorado; he permanecido en lugares que alguna vez quise. He abrazado, y también me han hecho sentir como algo desechable. Las risas van y vienen, fugaces. El síndrome del impostor no ha dejado de acompañarme, y a veces me pierdo pensando en lo que habría sido si no te hubiera arrojado al foso de mis recuerdos.

A veces regresas; otras, logro olvidarte. Y en ese ir y venir, terminas haciéndote presente otra vez. No te has ido del todo, aunque desearía que permanecieras lejos, que bajo ninguna circunstancia volviera a encontrarte. Y, aun así, te deseo lo mejor que la vida pueda ofrecer y si nos encontráramos, que fuera solo verte de lejos, sin tocar siquiera el aire que te rodea. Solo admirarte, para no perjudicarte.

Así fue también en aquellos años fríos, antes de ese gran vacío que dejó mi viejo. Así sucedió con otra historia que nunca llegó a concretarse: esa parte de mi vida que se cerró sin aviso y que, a veces, se asoma apenas para comprobar si sigo aquí, si estoy bien, si aún respiro.

Sé que esas señales regresan en canciones, en colores que se repiten, en rincones cotidianos que parecen hablar un lenguaje propio, en el eco de promesas que alguna vez creí comprender.

Sin embargo, también recuerdo —y me obligo a no olvidar— que no todo lo que se presenta está destinado a quedarse, y que no toda insistencia merece ser interpretada como destino. Recuerdo los silencios, las ausencias, las respuestas que nunca llegaron, y entiendo que también eso forma parte del mensaje.

Por ahora, me he sentado a materializar olvidos y a construir una realidad en la que la soledad no sea ni una amenaza ni un escudo, sino una ventaja inesperadamente afortunada. He aprendido a hablar de merecer mejores espacios, mejores corazones, mejores abrazos. He bebido algunas cervezas a tu nombre, para que permanezcas aquí, sí, pero estando lejos: esa paradoja hermosa que habita entre tu vida y la mía.

Te dejé ir para poder sostenerte de otra forma: más leve, más honesta. Me estoy acostumbrando a tu ausencia, como quien aprende a convivir con una presencia distinta. Y es curioso: cuanto más te alejo de mi vida, más nítido se vuelve tu recuerdo. Tal vez esa sea la señal.

31 de diciembre de 2025

Merecer

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Estoy casi seguro de que este año ha sido uno de los mejores de mi vida, hasta ahora. Y no digo esto para insinuar que no hubo experiencias poco favorables, sino que, por primera vez en mucho tiempo, lo bueno ha superado a lo malo.

Las lecciones que he aprendido durante 2025 me han convertido en una persona más resiliente de lo que esperaba, sin contar la enorme cantidad de paciencia que he logrado desarrollar frente a ciertas vicisitudes. He aprendido a resistir sin endurecerme, a esperar sin perderme y a aceptar sin resignarme.

Precisamente, el acto de materializar o proyectar objetivos a principios de este año me brindó la brújula necesaria para poder llegar a ellos. Uno de los tantos que me había asegurado era el de ser el profe del año en mi trabajo. Lo dije con tanta certeza que incluso me imaginé recibiendo ese reconocimiento sobre la tarima, durante el acto de graduación que ocurrió en diciembre. Me esforcé, di lo mejor de mí y caminé con convicción hacia ese punto. Y lo hice porque siento que me lo merezco: porque he atravesado una gran cantidad de situaciones emocionales que fácilmente pudieron convertirse en obstáculos insalvables al momento de impulsarme hacia el futuro que tanto deseo.

Muchas personas me han dicho que a gente como yo le deben suceder eventos extraordinariamente bonitos. No sé si todas lo dicen desde la autenticidad o la honestidad, pero es una frase que se ha vuelto común, casi repetitiva, como si se tratara de una verdad automática que no siempre encuentra eco en la realidad.

En las últimas semanas de este año he leído ese “mereces, mereces” tantas veces, como si la palabra, por sí sola, tuviera la capacidad de materializar aquello que promete. Sin embargo, he aprendido que merecer no siempre significa recibir de inmediato, sino sostener la dignidad, la constancia y la esperanza incluso cuando la recompensa tarda en llegar. Merecer también implica seguir siendo quien uno es, aun cuando nadie esté mirando.

Y en ese merecer, el amor ocupa un lugar esencial. Quiero merecer, y estoy dispuesto a recibir en mis manos una gran cantidad de amor, porque he atesorado ese sentimiento durante tanto tiempo que todavía me cuesta comprender sus silencios. Sí, los silencios de esa persona que presuntamente es la indicada, pero que no llega, o que llega a medias, o que no se muestra con sus verdaderos colores. He aprendido que el amor no debería sentirse como una espera interminable ni como una promesa suspendida en el aire.

Merezco un amor que no dude, que no tema, que no se esconda. Un amor que no me haga cuestionar mi valor ni mi lugar. Uno que llegue con presencia, con claridad y con la misma valentía con la que yo he aprendido a sentir. 

Estoy plenamente convencido de que merezco bendiciones en todos los aspectos de mi vida. Tantas, como las manzanas que como a diario. 

31 de agosto de 2025

Corazón de neón

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Esta etapa de mi vida ha sido verdaderamente maravillosa. No quiero decir con esto que he alcanzado la cima de la plenitud que he soñado durante años, pero sí reconozco que he dado un gran paso hacia ella.

Una publicación que quizá sea breve, pero guarda en sí un enorme significado, pues está inspirada en hechos recientes que han dejado huella en mí.

Me he sentido complacido, tomado en cuenta, valorado y, por qué no decirlo, profundamente consentido. Todo esto gracias a las buenas circunstancias y a las muestras de cariño de quienes dedicaron un poco de su tiempo para regalarme palabras sinceras, momentos compartidos y experiencias que llevaré conmigo para siempre.

Esta hermosa casualidad —o quizás causalidad— de la vida merece el más profundo agradecimiento. Agradezco cada oportunidad que me ha permitido arriesgarme, perder miedos y, sobre todo, disfrutar de lo que antes veía con duda o temor. Hoy entiendo que soy merecedor de lo bello, de lo auténtico y de todo lo que llega a mi vida con la fuerza de la verdad y la bondad.

Y mientras sigo transitando este camino, me propongo vivir con más conciencia y con más apertura. Valorar lo pequeño, celebrar lo simple, y continuar construyendo eso que me recuerda quién soy y hacia dónde voy. Porque sé que lo mejor aún está por venir, y quiero recibirlo con gratitud, con amor y con la certeza de que cada paso, incluso los más inciertos, me están llevando exactamente al lugar donde debo estar.

Bendito agosto que pasó, quiero que el resto del año y de la vida sea una sonrisa amplia de felicidad auténtica.

24 de julio de 2025

Antojos

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Me encanta lo que veo. Me gustaría pasar más tiempo contigo. Quisiera que mis dedos pudieran tocar más de lo que imagino. Comerte se vuelve una necesidad. Así trataría a la comida que deseo para la cena... o a cualquier hora. Lo que me estimula está a la vuelta de la esquina, a solo una llamada de distancia. Me quedo viendo eso que dispara mis sentidos, engrandece mi poder y ocupa esta mente cuadriculada.

Sin duda, tienes algo que hace que el ambiente cambie. Te presentas tan imponente, te dejas observar sin mediar palabras, como una promesa arropada en deseos incontenibles. ¿Eres acaso un plato fuerte, caliente, que despierta mis glándulas salivales, me hace abrir la boca y esperar? Mis instintos de dominarte parecen hambre o querencia, anhelo. Solo que pareces volverme débil, vulnerable, curioso, preguntón, voraz. Sin embargo, me reservo cosas y me mantienes atento. Si sigo así, cada vez que me hables tendré que olvidarme del reloj, del bullicio, de esta ciudad de vapor incesante.

¿Te dejarías mirar, explorar con lentitud, saborear con cada papila? No tendría ningún afán en rozar mis pensamientos con los tuyos, en hacer que ese primer contacto tímido sea inolvidable. Mis dedos aún no te conocen, pero mi mente ya te ha recorrido significativamente. Por un momento, cierro los ojos y puedo sentir tu olor, la tersura de tu piel, tu amplia sonrisa y esa tensión que no se disipa en el aire. Sé que me incitas, que me invitas, pero sin palabras. ¿Telepáticamente?

Inspiras muchos escenarios escandalosamente ricos, pero soy tan egoísta que no te compartiría, ni por una noche, ni un día, ni una tarde. No eres capaz de dividir mis deseos entre tú y otro ser. Eso que eres hay que vivirlo en una privacidad tranquila, pacífica. No hay excusas para no comenzar, para no ceder al deseo y a la acción irrevocable. Cuando te apareces así, no hay espacio para preguntarse si proceder o no: no me cuestionaría, actuaría sin miramientos.

Por ahí dicen que lo bueno se hace esperar y se disfruta sin apuro, pero lo que se me antoja lo quiero ahora mismo. Sin reglas, sin horarios, sin etiquetas, sin filtros. Los placeres que me merezco no me esperan. Procedo a buscarlos, los encuentro, me encuentran. Y si me los sirven así, en bandeja, los devoro con fervor y entusiasmo.

18 de junio de 2025

Poema de amor

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¿Cuándo fue la última vez que me besaron en la boca, con el significado de amar, querer, desear? Me gustan los besos con intenciones de prolongar la bonitura. Sí, esa palabra existe. Y también la lindeza.

Lo que dejó de existir o bajó su intensidad, fue la de dedicar poemas; o por lo menos no he sabido de personas cercanas que los usen para demostrar el amor, el querer, el desear. Quizá, los poemas pasaron a segundo plano o al último. Lo que está de moda es el regalo material, las flores, algún chocolate, las tarjetas que incluyen palabras genéricas y no el sentir genuino de uno hacia el otro.

Sin embargo, podrá existir la versión humana del gesto sentimental en esta era tecnológica, en la que el compilado de palabras a la que se le define como “forma de expresión artística en forma de verso” provenga del corazón, del fuego interno de la pasión, y no de unos cuantos litros de agua que invirtió la inteligencia artificial en producirlo.

Aun así, me empeño en seguir creyendo que hay personas que sienten profundamente y que no temen escribir palabras que lleguen al alma. No con palabras extraídas de otro lado, no con frases prestadas de alguna red social, sino con su propia voz, con lo que realmente les arde por dentro. Sostengo la idea, quiero creer fielmente que todavía hay quien se toma unos minutos para pensar en alguien y dejarlo en el papel, sin pretensiones, sin buscar “likes”, sin filtros. Hace mucho tiempo que no me dicen: “estás en mí, tus ojos son el dulce de mi amanecer” o algo por el estilo.

En este mundo de superficialidades, de banalidades, de tantos apuros, el hecho de ser poeta no requiere de estudios avanzados ni de mortificarse buscando la mejor palabra o frase. Es suficiente ser sincero. La sinceridad no abunda, pero de encontrarla, hay que atesorarla. Eso, aunque corto y con una compañía verdadera, puede ser bastante. El amor, en poemas, es presencia real. Se trata de querer estar, de hacer sentir, de demostrar que uno sigue creyendo en la belleza de decir lo que se siente.

Quizá los poemas no han desaparecido. Tal vez solo se están esperando. Esperando a que alguien tenga el valor de escribir lo que otros solo piensan en silencio.

17 de mayo de 2025

Paisaje azul

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En ocasiones, queremos que los dolores nos carcoman de una vez por todas para dejar de sentir. Es esa manía de querer acabar con todo sin que haya un camino empedrado de por medio, sino que, si se ha de parar esa tortura, que sea de un solo golpe. Sin embargo, otros días nos surgen esas ganas de absorber el mundo, de conquistarlo -como dicen muchos- a pasos agigantados.

Estos meses, las motivaciones para desahogarme con alguien, para bien o para mal, de dejar que las palabras encuentren su curso, no han faltado. Parece que uno ha llorado tanto en esta vida que las lágrimas se agotaron como el azúcar a final de mes. El dulzor de mis palabras no se agota, increíblemente, a pesar de los días en los que la gente me trata como primero les sale del bolsillo. No sé si agradecer esa paciencia eterna que me ha otorgado El Creador, digo yo, en vez de disfrutar de una estatura promedio que siempre quise. Esa fortaleza me supera cada vez más.

He sido muy mentado por como la gente me ve, como “el mejor”, “you’re the best, teacher”. Hasta que lo fui en marzo, con reconocimiento y todo. El síndrome de impostor me golpea con lazo de amaestrar bestias. Sé que soy tan organizado, que casi cuento las veces que respiro o las tantas olas que vienen y van cada vez que recuerdo a los amores eternos y a los efímeros, a los ingratos y al más bonito que he tenido, aparte del de mi madre hermosa. Me casé con una satisfacción que se disuelve como vitamina C en vaso de agua tranquila. No sé por qué no termino de creérmelo. Hay un desbalance entre lo que soy y lo que es palpable. Ese azote de realidad me hace pisar fuerte, en lugar de estar flotando en ilusiones.

Los días pasan y hay fragilidades que no pueden esconderse debajo de la alfombra. Ahora, la fortaleza me tiene embelesado. Y, sin embargo, a veces me descubro deseando volver a aquellos días en los que no sabía nada, pero lo sentía todo. Cuando el viento tenía otro sabor y los sueños no se medían en logros, sino en promesas. Me acuerdo de aquel paisaje azul que dibujaba con la mirada desde la ventana, creyendo que el mundo cabía en mis manos. Hoy, aunque mis manos están llenas de papeles, de nombres, de logros, también están vacías de ciertas caricias, de ciertas voces que ya no suenan.

He aprendido a sostenerme, sí, pero no a dejar de extrañar. Tal vez esa es la verdadera fortaleza: saber que hay vacíos que no se llenan, y aun así seguir caminando. Porque hay nostalgias que no duelen, solo susurran, como si el alma las llevara pegadas a los talones. Y mientras escribo estas líneas, pienso que quizá todo lo que fui, lo que soy y lo que sueño, cabe en ese paisaje azul que alguna vez imaginé... y que, en el fondo, nunca dejé de mirar.

28 de febrero de 2025

"Significant other"

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Hace unas semanas, alguien me preguntó quién sería mi persona especial. Podría decir que yo mismo soy tal cosa, aunque sí he conocido gente que ha representado apoyo incondicional y compañía certera en esta ciudad que ya se ha fijado en la pizarra de mi mente. Me he acostumbrado a caminar estas calles concurridas y bañadas de un sol inclemente que no deja ningún rincón fresco.

Ronda el pensamiento curioso: ¿qué habrá pasado con esa magia que me habitaba o por lo menos esa característica que me hacía brillar? No sé si es que alguien me la robó o quedarán vestigios de ese sentimiento por ahí. Me entretengo viendo a la gente pasar, como si no hubiera un fin de ese ciclo. Los días transcurren y se me van de las manos, los años llegan. Sí, me veo ciertas canas en la barba y los rayos grises que me detalló el barbero en la coronilla me ponen enfrente el calendario inevitable. Las entradas en la cabeza me revelan el inconfundible camino a la calva, que no espero, por cierto. Me inundé de una rutina, los segundos son parpadeos y los “amigos” son contados.  He extrañado una complicidad especial que pude concretar con un conocido. Él se ha quedado incomunicado y no tiene la manera de hacerme saber si su chica aún lo sigue queriendo o si ha cambiado de opinión.

Mis cervezas de los sábados las he sabido compartir con mis familiares en la casa. Otros vasos plásticos se llenan casi hasta el tope y me los bebo con una mujer muy especial. Cafés y postres han sido servidos. Mis otras dos amigas me llevan a recorrer esa supertienda de libros y cosas que llevaría a mi casa si pudiera. Mis compañeros de trabajo me llevan hasta el “paradero”, como lo llaman en Cúcuta. Son unos jóvenes que me dicen que sea su papá por la sabiduría que, según ellos, tengo en abundancia. Se llaman a sí mismos “guardaespaldas”. Cada uno agarra su moto y se va cuando ven que abordo el bus que parece un cohete. Cuando va por uno de esos puentes elevados, hace competencia con el avión que surca el cielo.

¿Dónde está mi “significant other”? La pregunta que lanzo al destino. No creo en los tiempos perfectos, ni en casualidades. Como bien dice inmortalizado, mi cantante favorito: “persigo realidad”. ¿Cuál será ese camino cruzado, hilo rojo, amor “no líquido” o desinteresado, ese que no me “ghostea” o teme al compromiso? Por ahora, estoy construyendo el templo que se derrumbó y volvió a surgir. No quiero que lo encuentren desordenado. Ese que soy, que trata de mejorar a diario.

16 de febrero de 2025

Otro sábado más

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Hasta hace una semana había considerado a los días como hoy “otro sábado más”. No pensé que una frase como esa tuviese una trascendencia enorme, ya que siempre me contradecían conque el sábado era un día menos de vida. En realidad, es así. Son 24 horas de tu existencia que se van entre el trabajo, la cotidianidad y las esperanzas de algo bonito.

Ni siquiera me acuerdo del porqué darles esa connotación. Creo que contaba los sábados que me quedaban del primer semestre del contrato laboral, algo así como un control de los días que me faltaban para poder cobrar mi primera prima del año. Sin duda, era una fecha muy esperada y, si no me equivoco, siempre eran entre 21 y 22 sábados. Me cansé de la matemática y empecé a llamarlos “otro más”.

Eran “otro sábado más” porque, a pesar de lo buenos o no tan buenos que podían llegar a ser, la frase me cautivaba y me hacía vivir plenamente lo que el día me había otorgado luego del estrés normal de estar hablando inglés por casi 9 horas continuas. Después de las 5:00 p.m., mi celular siempre enfocaba arriba o al frente para capturar el cielo durante el cansancio, las palmeras del Virgilio Barco en la avenida Gran Colombia, o de cómo se sentía ver las cosas con dolor en los pies, las rodillas y el infaltable pequeño ardor de garganta. Me calmaba con las dosis de azúcar y la crema de los helados de chocolate.

No voy a negar que me van a hacer falta esos pies de fotos al final de la semana laboral. Dejar de llamar mis sábados así se percibe como una pérdida más de las tantas que se acumulan en este corazón lleno de heridas que de pronto brotan en determinadas horas. En mi galería, de las miles de fotos que voy coleccionando, las del sábado pueden verse como las más sentidas. Inmortalizados quedaron los abrazos, las lágrimas, las vivencias, las sonrisas… Algo muy bueno o lo contrario pasa ese día. De vuelta a la casa, el conductor del bus o del taxi lleva en su transporte a este profesor, bien sea contento o lamentándose de lo que no pudo ser.

En cápsulas del tiempo quedarán estos ratos de reflexión, nostalgia, felicidad momentánea o rutinas de este paciente irreparable. Imborrables son y quedarán. La riqueza de las experiencias valió y seguirá teniendo su relevancia, aunque ya no los designe así. Los extrañaré, sin haberlos perdido del todo.

6 de febrero de 2025

Cuando la vida parece ser ficción

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Han pasado tres años desde que crucé la frontera desde Venezuela y han sido tantos amaneceres en esta tierra caliente, que la noción del tiempo es casi imperceptible. Los días han transcurrido como parpadeos. Los cambios han sido muchos, pero pocos han sido bien sentidos, como pasos agigantados.

Sumergirse en la rutina del trabajo es algo a lo que uno se acostumbra rápidamente. He pasado de ir a un colegio público venezolano a dar clases en medio de aulas desprovistas y sin servicio eléctrico, a seis horas del día haciendo que otros aprendan a comunicarse en una lengua extranjera jugando y abrumado de tecnología.

Venezuela me enseñó lo que soy y forjó un carácter innegable, me hizo expresar la tristeza a través de cartas, tuits y caras largas. Me hizo sentir el hambre de progreso, de comidas nutritivas y de vivir plenamente. Dejé atrás mi hogar en esa montaña alta y fría, de la que me quejaba porque el techo de mi casa dejaba colar las lágrimas del cielo de una tierra secuestrada. Aún se cuelan las gotas de agua porque, en este nuevo país del que estoy agradecido enormemente, se tienen que pagar muchas cosas que uno llamaría “lujos” cuando se ha vivido en la resignación, pero que son normales. A veces no alcanza, pero se vive, se respira el aire de la cotidianidad. Mi techo de allá aún me reclama, pero ha sido tan paciente como yo.

En varios momentos he tenido la grandiosa oportunidad de brindar, con cerveza de acá. Me acuerdo que, en el año nuevo del 2021, me prometí con una lata de Águila en mi mano derecha, obtener mi nacionalidad y salir adelante. Manifesté, atraje, consolidé o materialicé. No sé qué pasó, pero lo he logrado. Ha habido un equilibrio curioso entre lo que proyecté y la realidad que he venido construyendo.

Sin embargo, he querido escribir estas palabras para desahogar un vaso que no ha tenido aguas calmadas. No todo ha sido perfecto, y es que los afectos pasados no me dejan un buen sabor. A veces siento que vivo esa fábula, una película, la proyección ante mis ojos, un pendiente, un punto blanco en un gran espacio negro. Caminar como en medio de conflictos, parafraseando a A. Cepeda. Unos días me ayudan a relajar el sentimiento, otros lo enaltecen y digo: “¿qué falta?”.

Esa falta que hice, que cometí, esa falla, ese tachón que ha durado en borrarse. Este guion lo estoy escribiendo yo porque soy el autor. Me leo en voz alta (en mi mente) para comprobar que estoy dando los pasos, que siento el eco de mi pronunciación y el pie que va adelante, el otro siguiéndole.

Me arrodillo de noche para agradecer y dejar en manos de Dios, de la misma forma lo hago en la mañana. Veo mis manos, ya no están rojas o mis palmas no están maltratadas por la cuerda que sostenía. El libreto a veces se complica y otras, solo fluye o va. No parece ser tan ficticia, esta vida, cuando el sol me quema las mejillas o me duelen las rodillas de estar de pie dando clase. Siempre espero que sí, pero no sé a quién se le ocurre cerrarme la puerta que me lleva a la bonita coincidencia de la reciprocidad. Esta vida la deseé, y pagué el precio que costó. Cada amanecer me lo recuerda, cada noche lo confirma y cada pensamiento lo deja plenamente claro.

No es ficción, pero parece.

9 de febrero de 2024

Destinatario anónimo

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 Querido mortal anónimo, 


Recuerdo algunas cosas, tal y como pasaron. Creo que aún siento las respiraciones agitadas antes de que le viera en persona. “X” le transportó automáticamente a las fotos de los paisajes que le enviaba, las palmeras o árboles del territorio silencioso y lleno de paz.


A “Z” le encantaban los modos tan poco comunes, la forma en la que el mundo lo despertaba. No había hora gris, sino que eran colores que se hacían más vivos al pasar el tiempo. Ya luego no quería tanta formalidad, sino descubrir más allá de los “buenos días”. La primera caminata, casi frustrada por un incumplimiento, se dio y pareció ser rutinaria. Las puertas de la mente de “Z” se abrieron, así sin complicación.


Siguieron los mensajes y me olvidaba de las llamadas. Eternas dos horas que se pasaban, paradójicamente, como segundos. Un ciclo bonito que no encontraba fin. Yo los veía tan estúpidamente atraídos, pero no me atreví a interrumpir. Solo cuando habían descansos y se quedaban sin tema. Ahí les pasé por el lado. No me gustaba usar flechas grandes, pero estaba lanzando flores para que más tarde se las restregaran en la cara, eran unos groseros prudentes. No pensaba que las últimas letras del alfabeto se comportaran así.


Me aventuré a caminar y acompañar en las riberas de ese río contaminado. Ver la gente, andar sin miramientos y sin buscar ser juez. Me gustaba cuando los brazos chocaban sin querer o queriendo. Me causó risa ese bosque lleno de hormigas. Casi los dejé caer en el mal, pero no lo permití mucho. Eso creo. Vino la guerra horizontal, exploración y abrazos. No fue tan exitosa, pero se quiso hacer desde el principio. Me gustó la valentía de “Z”. 


Más tarde, el río de lágrimas. Un mortal distinto tuvo la culpa. Ese evento devino en una guerra vertical, una en la que los mensajes fueron flechas y las ausencias eran los castigos insistentes. Ese fue el rompimiento de las expectativas. La pausa que siguió no me gustó mucho, pero la permití también. Yo, siendo lo que soy, me hubiera entrometido, pero fue mejor que sucediera así. El mar y ustedes eran tan parecidos. La orilla ansía tanto la ola que se resigna a esperarla. No me acuerdo mucho de lo que pasó en el intersticio, porque eso me llevaría a revisarles sus pantallas y no quiero sonreír de todo lo bonito. No soy tan cursi como lo hacen ver.


Sé que cuando uno de ellos no tenía nada qué hacer se ponía a llorar. Pasaba noches sin dormir, mientras que por otros lados había fiestas o encuentros con otro mortal al que le tenía  mucha confianza. Permití que se extrañaran solo una pizca y los acerqué de nuevo. Fueron a la guerra horizontal en un campo distinto y disfrutaron. Lo permití porque hacía falta. Luego vino el intervalo más largo. Fui cruel al autorizarlo, pero no hubo otro modo.  A la gente le gustó celebrar con fuegos en el cielo, pasó todo eso, hubo distancia y acercamiento. La ola y la orilla se tienen que tocar, inevitablemente. 


No me gustaban sus besos, pero los veía sin temor a sonrojarme. Pensaba que sería igual a la vez que consentí su segunda guerra, pero no. Creo que soy tan malo apuntando, que me equivoqué. La flecha que le iba a disparar a “X” se fue para otro lado. “Z” se quedó esperando a que “X” respondiera igual, pero ya estaba despejando otra fórmula. Cruel, pero poético. Así soy yo, así es lo que defiendo. 


Cupido. 


17 de agosto de 2015

“Soltar la arena”

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There's music in everything, even defeat. (Hay música en todo, incluso en la derrota)
Charles Bukowski

2015 para muchos, sigue de primero en la lista de los años más complicados hasta ahora. A lo mejor no lo sea en algunos casos, ya que han habido peores circunstancias, pero no para quienes no estamos acostumbrados. Al comenzar a escribir este post, ya había liberado algo del peso que se acumuló durante el día. El letargo que experimenté hace un trimestre tuvo su repercusión hace unas semanas. Quizá el de hace cinco meses se le sumó, y no tuve otra alternativa que dejar que se instalara como la visita incómoda menos esperada (de igual manera uno la atiende). En todo caso, me he prometido escribir para que todo fluyera a medida que pasaba el tiempo, pero el hecho de procrastinar por mera pereza hizo que justo hoy me propusiera a dibujar a través de este escrito.

La vida siempre se presenta al contrario de como se realiza en la rutinaria actividad de la enseñanza: primero, evalúa (pone la prueba) y luego es que plantea la lección (aprendizaje). Lo recordé al ver esta mañana una de esas imágenes motivacionales en Instagram. Como si estuviera escrito en alguna parte de la hoja de la suerte/destino de cada uno de nosotros, las palabras llegan en el momento justo para marcar y dejar la huella indeleble. Y sí, trillada y todo, la frase se me quedó grabada así como cuando se ve al sol o a un bombillo, y persiste esa imagen residual azul o violeta en la visión. ¿Quiénes no han pasado por “la lección de sus vidas”? Lo más bonito (¿?) de todo es que, si aún estás vivo (a), no dejarás de pasar por ahí: ser probado y luego enfrentar el aprendizaje. Basta con que uno cometa un error después del ensayo. Ahí está la magia del ser.

“Gracias a la vida”, cantaría Mercedes, nunca falta la palabra alentadora cuando del abrazo se prescinde. Justo cuando más se necesita, y uno cree estar a punto de desbordarse, brotan de ciertos alientos aquellas luces de comprensibilidad o empatía. Ahogarse en alcohol o simular que se está feliz celebrando siempre fue el camino verde. Y lo es. Aquí recuerdo al realistamente sucio Bukowski. Algunas personas pierden peso, no se bañan (caso fuera de lugar, pero pasa), no comen o simplemente deciden hacer un racionamiento de discurso y en caso extremo, quedarse en el inmaculado silencio. Yo, apelé al mutis, pero en ciertos contextos. Dar clase de inglés con señas no es muy buen plan, pero por los lados se me notaba la extrañeza, la extrañeza de extrañar.

De igual manera, y al hacer alarde del título de esta entrada, además de la primera línea, este año ya tuvo su cierre y un nuevo comienzo. Ni siquiera tuve que esperar a diciembre para decirlo, sino que antes que se partiera en dos semestres, 2015 me sorprendió y ni siquiera lo tuiteé el 1 de enero. Este año ha empujado a mucha gente a crecer de manera violenta, a madurar con papel periódico, pero en especial medida para mí, a soltar.  Soltar implica, quizá, “dejar a un lado el saco de arena y dejar que el globo suba”. Esta frase viene de una película llamada Peace, love, & misunderstanding (Paz, amor y malentendidos). Lo lamentable es que no pude verla completa, ya que la agarré justo a más de la mitad. Por eso insisto en lo de la palabra que llega en el momento indicado.

Infinitud de listas de reproducción son reales camas en las cuales reposar cuando hay noches eternas, compañías fortuitas e inesperadas en las que uno se prueba para entender mejor la lección, que haya querer e intención en desarmarse a sonrisas, evitar lastimar para que la vida no lo sorprenda a uno como un bumerán... Ciertamente, se siente mal caer al vacío, empujarse, pero es reconfortante construirse las alas. Así se suelta, sin lastimarse. 

2 de febrero de 2015

Esperar...

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En la vida, así como en el amor, se presentan un cúmulo irrefrenable de hechos que van escurriéndose en el tiempo. Se nos presenta con incontables episodios que tienen un punto de partida y uno de llegada, solo que algunas veces comenzamos, pero pareciera que no llegáramos a la línea de meta o esta pudiera encontrarse cada vez más lejos. 

Crédito: https://www.flickr.com/photos/danooosh/
Para quienes nos ha pasado (o nos está pasando), los eternos minutos que median entre el inicio y la consecución de algo, pudieran sentirse con toda la serenidad posible, una y otra vez, todos los días, lo cual hace que las energías invertidas se canalicen a nuestro favor. Sucede el caso contrario en el exceso de benevolencia en la espera, donde hay una consecuencia no muy propicia que, en última instancia, deviene en aguantar. “La espera, desespera” es una frase que se mienta cada vez que el conformismo toca la puerta de quien esboza un improperio, por ejemplo, en una línea de personas por comprar comida, en el incansable trabajador que lanza su carro en medio del tráfico para poder llegar a tiempo a la oficina, de aquellos amores que aún necesitan encontrarse a pesar de la distancia, y en más situaciones de corte similar. 

El apuro de quien no sabe esperar en el amor, desencadena irritabilidad y pone en evidencia lo insensato que pudiera llegar a ser alguien por contagiarse de un afán casi afiebrado, salvo algunas excepciones. No es acortar las distancias entre los puntos de manera precipitada, pero sí que haya una forma de abrir posibilidades a la certeza y no a las bombas de tiempo de aguantar, que no son tolerar ni ser paciente, sino represar. Si tomamos en cuenta las ganas de conocer el futuro desde ya, caemos en la ansiedad, que luego se torna en intranquilidad por el ímpetu que se le coloque. Lo que sí es válido es tener aspiraciones. 

Solo quienes han sabido sortearse ante los momentos difíciles, los tiempos se adecúan para bien. A veces, considerar una pose de irracionalidad ante los traspiés que originan salirse de los objetivos de una buena espera, conducen hacia convertirlo en un acto nulo que no tendrá buenas intenciones. Sin embargo, una de las cosas más aleccionadoras y gratificantes del mundo es entregar la fe con denuedo en el intermedio de la partida y la llegada. 

Esperar en medio de toneladas de palabras y experiencias significativas, es sobreponerse al desazón de la intranquilidad y la incertidumbre. Anhelar nos pone en la cima cuando estamos en paz. Las virtudes que se ganan a partir de la espera, con base en la tranquilidad del espíritu, nos hacen fuertes. Solo hasta que se sienta una ansiedad invivible, la paciencia no hará ruido y tendrá más poder. Esa es la facultad del cambio.

15 de diciembre de 2014

Venezuela ocupó el puesto 50 de 63 en la clasificación de la prueba de competencia de inglés de la compañía EF

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Actualizado a las 8:40 p.m. (HLV)

El EF English Proficiency Index (EF EPI), o Índice de Competencia del inglés, es una prueba que posiciona o clasifica un grupo de 63 países del mundo para conocer las habilidades generales del idioma, es decir, si han mejorado o no. Para la recolección de la información, EF empleó información de 750 000 adultos, quienes resolvieron el examen de inglés el año pasado. No es sorpresa que, en los resultados publicados recientemente por la compañía internacional de enseñanza de idiomas, Venezuela ocupó el lugar 50 de 63 en la lista de territorios con baja competencia del inglés y el puesto 11 de los 14 países de América Latina (EF, 2014). El análisis de la información para Venezuela reza:
Crédito: EF Education First / Clic para ampliar.

"Los adultos venezolanos poseen uno de los más bajos niveles de competencia del inglés en América Latina, y no ha habido una mejora significativa en los últimos siete años. En Venezuela, las mujeres hablan 'un poco mejor' con respecto a los hombres, pero ambos grupos se encuentran muy por debajo del promedio global. A pesar del 'pobre' desenvolvimiento, los estudiantes con edades comprendidas entre los 18 y 24 años, poseen habilidades más desarrolladas del inglés que cualquier otro grupo de edades. Los resultados obtenidos implican que Venezuela puede progresar en evaluaciones a futuro [...]".

Foto: EF / Reportaje completo: http://www.ef.co.uk/epi/ / Apartado sobre Venezuela: http://www.ef.co.uk/epi/spotlights/latin-america/venezuela/

10 de septiembre de 2011

3 años

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Hoy, 10 de septiembre, este espacio cumple 3 años. Tan rápido han pasado los años, pero tan poco he tenido oportunidad de extender el contenido. A partir del domingo 11, a las 11:00 p.m., lo cerraré por unos días, mientras ejecuto algunos cambios en cuanto al diseño. Por los momentos, tengo un poco más de tiempo disponible, ya que estoy esperando mi título universitario, y las actualizaciones se harán más frecuentes de lo acostumbrado. Por ahora, me resta decirles que pronto verán un blog renovado, con más temáticas para leer, probablemente más participación para los lectores, entre otros, haciéndole honor al nombre de este experimento. Un cumpleaños que se queda ''chucuto'', pero será para mejor.

12 de enero de 2011

Los Simpson y su versión XXX

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La página web Hustler Hollywood ha puesto a la venta una parodia de la serie animada Los Simpson, en la cual se destacan los personajes del famoso show de televisión norteamericana, pero en el mundo del porno. La historia se desarrolla cuando Homero le pide prestada una videofilmadora a Flanders, y graba a Marge en poses muy seductoras. A continuación, les presento el tráiler de la película en cuestión. Mi comentario a esto es: ''What the hell?''


Foto de Hustler Hollywood. Para verla sin censura, den click aquí.





23 de diciembre de 2010

La Historia Digital de la Navidad

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¿Cómo sería el nacimiento de Jesús en pleno siglo XXI? Disfruten este video que encontré en arturogoga: Tecnología para todos. ¡Feliz Navidad!

27 de octubre de 2010

Matías responde el cuestionario

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Su imaginación es una caja de pandora que revela personajes con características sublimes e historias fascinantes, que atrapan los ojos de los lectores más desprevenidos, e incluso, indiferentes hacia la literatura (moderna). Leer sus líneas deja ver cuán elaborados son los caminos que recorren sus pensamientos al momento de idear un cuento, o simplemente, relatar la historia de dos personas que se aman. Los párrafos que he podido examinar, y que están bajo su autoría, hacen que mi mente me lleve directamente al espacio físico de la ficción y que adquiera el papel de espectador en primera fila. En términos referenciales, hablo de Matías Zitterkopf. En el plano personal, tengo el agrado de conocerlo desde hace más de dos años, con conversas casi diarias por Messenger, debido a que compartimos una pasión: el idioma Inglés. Hoy, quise hacerle unas preguntas que, a pesar de la distancia, harán que los lectores de este espacio conozcan quién es la persona que muy pronto nos atraerá mucho más con sus letras.

Daniel: ¿Qué opinión te merece la presentación que te hago? ¿Muchos halagos o falta algo qué decir?

Matías: Me ha parecido una presentación estupenda. La verdad que tiene muchos halagos, imposible que uno no se sienta un creído después de esto jaja. No le falta nada.

D: Empecemos por el principio (Jeje). ¿Cuáles eran los juguetes del niño Matías?

M: Tenía soldaditos, autos, pero más que nada me divertían los juegos de mesa. Tal vez porque mis primos no podían romperlos como a mis juguetes jaja.

D. Disciplina/asignatura preferida del colegio.

M: ¿Sólo una debo decir? Te diré 3 y en orden: inglés, Música y Lengua.

D. Disciplina/asignatura que no soportabas.

M: De la misma forma que en la anterior pero: Física, Química y Matemática.

D: Es un cliché preguntarle a los escritores en qué se inspiran para escribir lo que consideran sus grandes obras. Pregunto, ¿en qué no te inspiras y por qué?

M: Esta pregunta es interesante, ya que difiere a lo que siempre preguntan. En lo que no me inspiro sería en libros que traten de la misma temática del mío. Trato de no leerlos mientras escribo sobre ese tema, para que no haya influencias y que no digan que te copiaste jaja.

D: Desde hace un año, comencé a escudriñar y analizar más a fondo la literatura inglesa. ¿Cuál ha sido (o no) la influencia de la misma en tus escritos?

M: La literatura Inglesa ha sido muy importante, porque la he tenido en los 4 años del Profesorado de Inglés. Mi escritora favorita es Virginia Woolf. Y teniendo romance en mi trilogía no puedo dejar de recordar a Charlotte Brontë y su Jane Eyre o Jane Austen con su Pride and Prejudice.

D. Mi falta de inspiración para escribir lo considero como sequía. ¿Cómo llamarías al tuyo y cuál es tu manera de alejarlo?

M: No creo que sea sequía, porque luego siempre algo sale. Yo le llamaría descanso. Escribir es como cualquier otro trabajo u actividad. Necesitas despegarte un poco y descansar a veces. Si podríamos hablar de falta de ideas o incentivo para seguir. La manera de alejarlo sería despegarte un rato de tus escritos, escuchar música, pasear, ver paisajes y seguro que algo sale.

D: Esta sección de la entrevista la llamaré situaciones hipotéticas’’. ¿Elaboras muchas situaciones de este tipo en tu vida diaria?

M: Siendo escritor elaboro demasiadas situaciones hipotéticas y siendo profesor también. Siempre pensando en que estrategia hará que mis alumnos aprendan mejor jaja.

D: Bueno, comienzan. En una situación hipotética, tienes una enfermedad terminal y te quedan 6 meses de vida. Cuál libro describiría mejor todo lo que has hecho hasta ahora y por qué.

M: Tengo una novela inédita con este tema. No sé qué libro decirte, pero seguro uno que tenga una batalla al final. Personajes que hayan vivido muchas cosas hasta lograr lo que quieren.

D: Esta pregunta se la hicieron al muy reciente ganador del premio Nobel de Literatura 2010, Mario Vargas Llosa. ¿Has leído algo de él? Menciona algunas obras, en caso afirmativo.

M: Desafortunadamente no he leído nada de él. Tendré que hacerlo. Me alegra muchísimo que haya ganado el Nobel de todas maneras.

D: Bueno, a Vargas Llosa, en una ocasión, le preguntaron, y me permito hacer la misma cuestión: en caso de presentarse un diluvio universal, sólo se te permite resguardar un libro. ¿Cuál salvarías? ¿Por qué?

M: El Principito. Creo que necesitaríamos de sus frases y de esa ternura para comenzar un nuevo mundo.

D. Terminan los supuestos negados.

D: Una vez leí Escribe que algo queda, perdura y tiene su efecto al momento de decirlo’’. ¿Cuál es tu opinión?

M: Coincido. A las palabras en forma oral se las lleva el viento. En cambio si las escribes, ya sea malo o bueno, algo quedará, perdurará y te hará trascender y en su momento seguro algún efecto causaron.

D: A continuación, te diré algunas cualidades y tú me dirás (a tu gusto) a quienes o a cuáles pueden pertenecer. Respuestas, al fin y al cabo.

Tiene tu edad y le gustan los libros como a ti’’.

Colegas y adictos a los libros.

No se puede morir sin leer algunos de sus escritos’’.

J. K. Rowling

Es una película que me hace llorar, aún en mi condición de hombre’’.

Million Dollar Baby. (Lo de la condición de hombre no tiene nada que ver, ya discutiremos eso jaja)

D: Jaja.

Un lugar que te recuerda lo bueno que es vivir’’.

Mi pueblo natal y su tranquilidad junto a mi familia, mi casa.

Un placer culposo del cual nadie debería estar exento’’.

De comer de todo y olvidarse de las dietas y el gimnasio.

Una cantante a quien no le falta talento vocal’’.

Leona Lewis

Actitud humana que merece ser repudiada’’.

Falta de honestidad.

Una serie de televisión que vería innumerables veces’’.

Casados con Hijos (versión argentina) o Buffy la Caza Vampiros.

Objeto innecesario que aún conservo’’.

Las viejas tarjetas de teléfonos con imágenes de películas.

El amor es una magia…’’.

Me hace recordar a un programa que veo que siempre ponen a un señor que canta pésimo y justo canta esa parte jaja. Pero el amor si es como magia.

La música que hace que mis pies se muevan sin control’’.

Música Pop seguro (Britney). A las bandas Gothic las dejo para inspirarme.

Una bebida recomendable para los momentos de despecho’’.

No tomo alcohol. Si recomiendo Coca Cola, ya vieras como te hace reir si tomas mucho. No, no me pagan para que les haga promoción jaja.

Una buena colección de libros está completa con obras de…’’ (un solo autor)

J.K. Rowling definitivamente. La amo. Tendría que haber dicho Shakespeare ¿no? Bueno, prefiero algo mas divertido.

Una frase recurrente’’.

Te lo dije.

De aquí, saltamos a temas más 2.0.

D: En estos tiempos, Internet nos proporciona un mundo completo de información, pero también hay mucha basura allí. ¿Qué opinas de la 2.0? ¿Nos ayuda o nos idiotiza?

M: Tu tienes el control. Si quieres idiotizarte, pues no busques mucho que hay de todo en internet. En mi caso me ayuda porque he llegado a lugares que nunca pensé con tan solo tener blog y redes sociales. Creo que a los artistas internet nos ayuda demasiado.

D: En ese mismo punto, un periodista francés asegura que el Power Point vuelve estúpidas a la personas. ¿Qué opinas?

M: ¿Un periodista asegura eso? Habrá que ver quien es estúpido entonces jaja. A los profesores nos sirve para nuestras clases, a los escritores para charla. Hacer un power point requiere de mucha estrategia para saber distinguir que es lo importante que se va a incluir en la presentación. Eso sí que fue raro, no lo había escuchado.

D: En una época como la de ahora en la cual todo es digitalizado, hay personas (muchas) quienes consideramos que lo mejor de los libros está en tenerlos en las manos y oler sus páginas, tener el placer de disfrutarlos así. (Profundiza la idea).

M: Creo que el libro es un gran invento y siempre estará presente eso de tenerlo entre las manos. Mi libro sale en e-book de principio y creo que me he abierto mucho a esa forma. Sería tonto no disfrutar de una historia porque le temes al libro electrónico. Tiene las ventajas de que sale mas barato, no ocupa espacio y no se talan árboles. PERO OBVIO QUE QUIERO MIS LIBROS EN PAPEL TAMBIÉN.

D: Ya indagamos el plano personal y opiniones acerca de la tecnología. Ahora, hablemos de ‘’Amor Con Alas’’. ¿Por qué ‘’Amor con Alas’’ y no Amor con Manos’’, con pies’’, incluso? Sabes que bromeo, ¿no?

M: Esos títulos que propones no son demasiado lindos jaja. Amor con Alas tiene que ver con que uno de los protagonistas es un ángel de la guarda. Pero eso de que tenga alas quiere decir que es un amor que te hace volar lejos y luchar por él.

D: ¿Hay alguna Amelie en la vida real?

M: No creo. Amelie es un invento de mi mente. Si existe la chica que prestará su imagen para la segunda portada. Pero no, no hay una real.

D: Tu personaje principal tiene que ver con un ángel. Si existiera, ¿cuál sería la descripción física más cercana de tu ángel guardián?

M: Mi propio ángel, la verdad que no sé qué género tendría. Lo veo más como algo etéreo, sin mucha forma, luminoso y que siempre ande volando alrededor mío, pero que no se dejaría ver con frecuencia.

D: ¿De qué me pierdo si no compro el libro que está próximo a salir y estrenarse (Ángeles y Mariposas)?

M: Te pierdes de una linda historia de amor. De saber cómo es Dios (en mi libro el ángel habla de eso). Te pierdes un poco de acción y pelea, cosas sobrenaturales, frases en latín (jaja) y de una frase final de la protagonista que te hará decir: ¿Por qué dice esto justo ahora que el final es tan bello? En fin, te pierdes el comienzo de una trilogía que se convertirá en algo más grande en los dos libros siguientes.

D. Cosas que has aprendido a lo largo de tu vida como escritor. No más de 140 caracteres.

M: Que hay que ser demasiado paciente y casi hasta pelear con la editorial para que todo salga como quieres.

D: Un mensaje para la gente que te sigue…

M: Siempre me sale decir gracias. La verdad yo nunca pensé que tantos se podían interesar en lo que hago. Que me alegra recibir sus mensajes y que me escriban que siempre contesto. Que sigan creyendo en los libros, que los escritores escribimos porque lo amamos y nacimos para hacer esto. Lo hacemos lo mejor que podemos, pero que no olviden que escribimos para compartir con ellos nuestras historias.

D: Gracias por el acceso a la fuente, o sea, a ti. Te deseo lo que se desea en teatro: mucha mier... y todo el éxito, ché.

M: Jaja! Daniel, quiero agradecerte por darme un espacio en tu blog y por haber creado esta entrevista tan original. Me divertí mucho respondiéndola. Hace ya unos años nos conocemos y quiero agradecerte también por colaborar con la descripción de tu pueblo El Junco, para mi libro y dejar que uno de los personajes tenga mucho de vos. Gracias de verdad!

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